A pintar!Cuando vas a vender una casa, lo más conveniente es pintarla antes. Los muebles ,aunque parezca que no, dejan marcas en la pared -en realidad, lo que ocultan los muebles es la ausencia de mancha en la pared-. O incluso si has vivido de alquiler bastante tiempo, puede que te veas obligado a hacerlo.

Sin embargo, aquí en , es común que los estudiantes pinten sus habitaciones -o el piso entero- al abandonarlas. Incluso los que lo han hecho por un corto espacio de tiempo. No sé si es una obligación, pero lo hacen.

El otro día Ayer fuimos a ayudar a Tina -mi ex-tandem, pronunciado con ironía- a pintar su piso. Habitación, cocina y pasillo. Y pintar no es nada fácil, o por lo menos más difícil de lo que parece.

El suelo tenía moqueta, así que había que cubrirlo por completo de plástico o, en su defecto, revistas y apuntes de asignaturas especialmente difíciles -está comprobado que absorben mejor la pintura-. Por suerte, cuando Rueda y yo llegamos, este paso ya estaba completado. Y además, Carlos y Tina ya habían pintado una de las paredes de la habitación. Manos a la obra.

Hay muchos factores a tener en cuenta, a saber: cantidad de pintura en el rodillo, tiempo que hay que estar escurriéndolo, metros cuadrados que puedes pintar de una vez, número de veces que tienes que pasar por el mismo sitio para que quede -bien- pintado. Y lo más importante, que es algo que aprendí ayer: no hay dos manos de pintura iguales. Mojas el rodillo, lo escurres, te pones a pintar, notas que el rodillo ya no pinta, lo vuelves a mojar, lo vuelves a escurrir, vuelves a pintar, y observas como se ve perfectamente en la pared la línea que delimita las dos tandas de pintura.

Los problemas aumentan proporcionalmente -e incluso exponencialmente- con el número de pintores pseudo-pintores que participen. Porque cada uno utiliza una cantidad de pintura en el rodillo, cada uno lo escurre como le viene en gana, y cada uno hace el número de pasadas que le apetece. Así, cuando dos pintores, que han empezado por extremos opuestos de una pared, se juntan en el centro, el resultado es uno de esos estereogramas, que al mirarlos mucho tiempo -y poniéndose un poco vizcos- se descubre otra imagen, en tres dimensiones.

También hay que distinguir entre el pintor de rodillo, y el pintor de brocha. Cuando, a falta de media hora para terminar, conseguí hacerme con una pequeña brocha para pintar las juntas, y las zonas cercans a los enchufes, etc. me dí cuenta de que es un trabajo mucho más desahogado. Hasta me sentí -un poco- artista.

Pero acabamos, y disfrutamos de un helado artesanal -cortesía de Tina- tomando el sol, y con la satisfacción del trabajo bien hecho. Aunque esto lo tendrían que decir los nuevos inquilinos…

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