El siguiente artículo fue escrito en la madrugada del miércoles al jueves 21, en la estación de trenes de Dortmund, y transcrito ahora para tu uso y disfrute.

Después de intentar alquilar un coche, y no conseguirlo por no tener tarjeta de crédito, mato el tiempo escribiendo esto en mi agenda. Lo que era un viaje de cinco horas -dos y media en avión y dos y media en coche- se ha convertido -así de pronto- en uno de 15 -dos y media de avión, bus hasta la estación de tren, espera de cinco horas, y dos trenes más-.

Estoy en un bar de la estación, el único que abre de 6 a 5 de la mañana. Ya te puedes imaginar la gente que -a parte de mí- ronda estos lugares. Y como no tengo mucho que hacer, ni mucho sueño, agudizo mis sentidos -especialmente dos de ellos- para recoger la siguiente conversación.

ConversacionesNo se conocen, ni siquiera se habían visto antes. Ella, francesa, pero con rasgos argelinos, joven (35). Sentada en una esquina del bar. No ha pedido nada. Él entra en el bar. Alemán. Ya está borracho, pero lo primero que hace es pedir una cerveza. Chaqueta de cuero, vaqueros, gorra de cuadros. Pelo canoso y largo. Se sienta en la otra punta. Al pedir la segunda cerveza, se acerca -no a mí, sino a ella-. Y dice…

-¿Tienes un cigarro? -él, en su alemán de borracho-.
-No fumo -ella, en su alemán de francesa-.
Él dice algo que no entiendo. Ella, por lo visto, tampoco.
-¿De dónde eres?
-De Francia.

Él intenta chapurrear algo en francés -¿todos los habitantes de las estaciones de tren/bus son multilingües?- pero sólo le salen palabras en italiano y español. Ella se ríe, pero no por cortesía. Es, probablemente, lo más gracioso que le ha pasado en todo el día.

-¿Qué haces aquí?
-Trabajo en el aeropuerto -responde ella-.
-¿Y qué haces?
-Limpio
-¿Y qué haces ahora aquí? -pregunta un poco extrañado-.
-Busco piso.
-¿Ahora? ¿Aquí? -humor alemán-
-No, no tengo donde dormir. Hace una semana que vengo aquí.

Él intenta convencerla de que conoce un par de sitios donde podría dormir, pero ella no se fía. Sin embargo todo cambia cuando él dice que también conoce a todos los que trabajan en la estación de trenes -puestos de comida rápida, limpieza, prensa, cafeterías…-. Eso a ella le interesa. La diferencia entre limpiar en el aeropuerto y limpiar allí son 10€ al día en transporte. Y 10€ al día consiguen un sitio donde dormir, donde no tener que preguntarle a la camarera si puede cerrar la puerta porque tiene frío.

VacíoMe pongo los auriculares. La conversación ya no lleva a nada. Él había empezado a especular con las posibilidades que tendría ella de encontrar trabajo allí, y ella había empezado a dejar de interesarse. Será que no es la primera vez que escucha esa historia. En estos momentos, John Digweed me ayuda mucho más a distraerme. Su música, y escribir estas líneas, que en realidad nunca tendría que haber escrito. No si estuviese donde tendría que estar.

Ella se duerme sentada. Él pide otra cerveza.

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