Azucar!
El Dr. Bruker, explica que la elevación en los niveles normales ocasionada por su ingestión, se experimenta como una leve euforia. Las consecuencias del regreso a los niveles normales, se halla en relación directa con la cantidad consumida. Si ésta fue baja, la sensación es de una leve disforia. Entre mayor haya sido la cantidad, la baja estará más cercana a experimentarse como una sensación depresiva.

Lo que normalmente suele ocurrir a toda persona que lo consume en forma cotidiana, es que sus niveles se mantienen permanentemente por encima del nivel regular, es decir, rara vez se experimentará una baja hacia la auténtica normalidad en los niveles. La mayoría de la población mundial vive bajo sus efectos sin saberlo y sin notarlo. Este desequilibrio permanente está siendo asociado con diversas enfermedades nerviosas, especialmente en los niños.

¿Droga? No, azúcar.

Café
Consumir entre 75 y 150 mg eleva la temperatura, el ritmo respiratorio y el nivel de ácido gástrico en el estómago. Cantidades más altas en el torrente sanguíneo pueden producir ansiedad, irritabilidad, insomnio, sudoración, taquicardia y hasta diarrea.

El uso prolongado de más 650 mg diarios pueden ocasionar úlceras gástricas, incremento en el nivel del colesterol, insomnio crónico, ansiedad y depresión permanentes. Este tipo de consumo también parece estar asociado con disfunciones cardíacas y la aparición de ciertos tipos de cáncer asociados a los alquitranes que contiene esta sustancia.

Mediante el uso continuo puede ser adquirida una leve tolerancia. Provoca dependencia física. En la literatura médica se consigna que dosis mayores a los 350 mg diarios consumidos durante un mes pueden provocar la aparición de un síndrome de abstinencia, por lo que en usos terapéuticos los médicos recomiendan reducir gradualmente el consumo. El síndrome se manifiesta por irritación, cansancio, depresión y somnolencia.

¿Droga? No, café.