Vuelta al coleVolver a coger el autobús, en la misma parada. El autobús que dentro de diez días estaré cansado de coger.

Los mismos compañeros de viaje, esperando su llegada. A lo mejor, alguna cara nueva. Todos con miles de historias veraniegas que contar. Todos hablando a la vez, como si fuese la primera y la última vez que se les vaya a dar la oportunidad de hacerlo.

Y llegamos al colegio. Más gente, más historias. Ves como algunos han crecido, han cambiado. Otros no, otros siguen igual (de bien o de mal) que siempre.

¿Qué clase nos toca este año? ¿Dónde me sentaré? ¿Habrán venido muchos nuevos? ¿Quién habrá repetido? ¿Qué profesores darán las asignaturas?

Y así va pasando la mañana, y van pasando los profesores por clase, explicándote que este año no va a ser como el anterior. Este año sí vas a tener que estudiar. Esta vez de verdad.

En clase, nuevos estuches, nuevas mochilas, nuevas carpetas. Todo perfectamente organizado al principio, pero al final sólo unos pocos consiguen mantener el orden, salvar sus estuches del “déjame que te firme”, y que las carteras no sufran algún desgarrón provocado en una de las tantas persecuciones al salir de clase.

De nuevo en el autobús, de regreso a casa, y de nuevo todo el mundo con miles de historias: “han venido 3 nuevos“, “este año me apunto a ética“, “que guay que nos hemos sentado juntos“…

Al día siguiente aún vas con cierta ilusión. Quizá, hasta que pasa la primera semana. Pero al final, es lo mismo de todos los años. De todos los días.