Patentes

¿Por qué no? Patentar la acción de patentar algo, y todo el que quiera hacerlo, que me pague un canon.

Y es que últimamente, el mundo de las patentes se ha vuelto loco. Primero fue Microsoft, el pasado 27 de abril, cuando consiguió la patente sobre el doble click. Muchos pusieron el grito en el cielo hasta que se aclaró que -sólo- se aplicaba a los ordenadores de mano. Sin embargo, no deja de ser ridículo que se acepten patentes de algo que ya está inventado y que ya es accesible para el público.

Después fue Network Associates -empresa dueña del antivirus McAfee- que patentó diversas técnicas aplicadas a la lucha contra el correo electrónico no deseado, o Spam. Técnicas que ya eran utilizadas por varios productos antispam.

Un día después, el 7 de junio, se concedió a Oracle la patente sobre el sistema que permite a uno mismo la creación y actualización de los contenidos de un sitio a través del navegador (’Self service system for web site publishing’). Sí, un weblog, blog, bitácora, o como lo quieras llamar. ¿Se puede patentar la tortilla de patatas?

Pero aún se puede rizar más el rizo. BTG, una empresa británica, ha obtenido 6 patentes sobre la descarga de software, así como una de navegación off-line. Podrían pedir comisión a las empresas que permiten las descargas desde sus páginas web, así como las actualizaciones. Según el Daily Telegraph, la empresa tiene en el punto de mira a Microsoft como principal objetivo. También las empresas de antivirus se verían afectadas, ya que utilizan la descarga para actualizar millones de ordenadores en todo el mundo. Y por lo visto, la empresa está especializada en ganar a “los grandes” en los juzgados: en 1989 ganó un juicio -además de 6 millones de libras- al Pentágono, por la tecnología utilizada en los hovercrafts.

Por suerte, las teorías científicas no se pueden patentar (imagina que tuvieses que pagar cada vez que quisieses hacer una suma!). No obstante, leí el otro día en Cuaderno de bitácora lo siguiente:

“Cuando un científico realiza un descubrimiento, su manera de darlo a conocer es publicarlo en una revista científica. Éste es el resultado final, no vale con descubrir algo, si no se publica, es como si no se hubiera descubierto. Pero las editoriales científicas son mayoritariamente privadas, y por lo tanto, los derechos de la publicación pasan a ser de la editorial.”

El artículo completo aquí.

Desde luego, se le quitan a uno las ganas de descubrir nada. Y lo que ya está inventado pronto tendremos que dejar de usarlo, porque de lo contrario tendremos que pagar por la patente.

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